• juliviegas

La primera impresión.... es la que cuenta?

Definitivamente SI.


Estemos interesados en la moda y las últimas tendencias o no, lo cierto es que nuestra imagen tiene un gran impacto en nuestra vida social y profesional.  Y lo más importante: afecta directamente nuestro estado de ánimo. Cuando nos vemos bien, nos sentimos bien. Nuestra autoestima aumenta y nuestro bienestar también.

Entre todas las maneras posibles de expresarnos o comunicarnos con los demás, nuestra imagen es probablemente la que ejerce el impacto más inmediato y determinante.  Nuestra vestimenta no sólo cubre el cuerpo y nos protege de los elementos del clima, es también una declaración visual de nuestra personalidad y nuestro estilo de vida.  Por eso, no debemos pensar que darle importancia a la imagen es algo frívolo o un capricho para gente con tiempo y ganas de salir de shopping.  Nada más lejos de la realidad.  Nuestra imagen tiene un gran poder de comunicación y es importante que prestemos atención a todos los detalles que forman parte de ella: ropa, colores, lenguaje corporal, higiene personal, etc.


Al pensar en nuestra imagen, hay varias consideraciones a tener en cuenta:


1. Nuestro cuerpo, proporciones, color de piel y cabello. Nos brinda la información básica para elegir las prendas, colores, cortes y telas que más nos favorezcan.


2. Nuestro estilo personal, nuestro gusto, la forma en que expresamos nuestra personalidad a través de las prendas que elegimos.


3. Nuestro estilo de vida: la actividad diaria, el lugar de trabajo, el tipo de eventos sociales a los que asistimos y su frecuencia.

4. Nuestra vida profesional: la etiqueta en el trabajo y nuestros objetivos profesionales (nuestra imagen debe reflejar nuestras metas, el lugar donde queremos llegar profesionalmente, no sólo el lugar donde estamos).


Una vez analizados estos cuatro puntos de partida básicos, el camino hacia una imagen impecable continúa en el armario. ¿Qué tenemos, qué usamos, qué nos sobra? Un armario organizado y funcional es fundamental para elegir todos los días estilismos apropiados y favorecedores de manera simple y rápida.

Por último, el momento más deseado o más temido: salir de compras. Una actividad que amamos o detestamos. Sin términos medios. La buena noticia, para aquellos que no disfruten del shopping, es que dedicando un poco de tiempo a reflexionar sobre los cuatro puntos anteriores, habiendo hecho una revisión del armario y un poco de investigación acerca de dónde comprar y qué talla, el día de compras se puede convertir en una actividad eficiente e incluso, ¡divertida y placentera!


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